Cómo disfrutar más cada etapa del sexo

Si entiendes cómo reacciona tu cuerpo en las cuatro fases de la respuesta sexual, podrás intensificar cada sensación.

Sabes que hacer el amor te provoca sensaciones cálidas y electrizantes, pero hay otras cosas que pasan en ese momento a las que quizás no les prestas atención. Sin embargo, reconocer esas reacciones menos obvias que ocurren en cada etapa de la respuesta sexual —excitación, meseta, orgasmo y resolución— puede ayudarte a elevar tu placer en cada una. “Si te familiarizas con los cambios que experimenta tu cuerpo durante el sexo, sabrás lo que necesitas para satisfacerte y llegar al orgasmo”, dice Jennifer Berman, directora del Berman Women’s Wellness Center, en Beverly Hills, California.

ETAPA 1: Excitación
Ocurre cuando empiezas a responder al deseo (que puede ser provocado por un pensamiento sexual o una sutil caricia). “No necesitas un estímulo físico para excitarte”, dice Lisa Masterson, ginecóloga y obstetra en Santa Mónica, California. Pero tienes que estar física y mentalmente estimulada para transitar esta fase. Al empezar el sexo, “mantén la concentración y las caricias eróticas para que siga incrementándose la libido”, aconseja Berman.

Tus pezones se ponen firmes. El flujo sanguíneo aumenta en la superficie de la piel, y los músculos que rodean los pezones se contraen. Al inflamarse los vasos sanguíneos, tu areola se oscurece y responde más al estímulo. Pídele a tu chico que te bese esa zona.

Tus genitales se engrosan. El aumento del flujo sanguíneo también hace que el clítoris se ponga más firme, grande y sensible, dice Masterson. Este es el momento ideal para que él te dé placer oral o manual. Las paredes de tu vagina se engrosan de un 30 a un 50%, y los labios menores y mayores se inflaman. Para incrementar el estímulo, haz algunos ejercicios Kegel; es decir, contrae los músculos pubococcígeos (los que controlan el flujo de orina), sugiere Berman. “Los Kegels llevan la sangre hacia los genitales, y estos se vuelven mucho más sensibles”.

Tu cuerpo aumenta la lubricación. “Es clave saber que, para la mujer, la lubricación representa lo mismo que la erección para el hombre”, dice Mary Jane Minkin, profesora de ginecología y obstetricia en la Universidad de Yale. Como respuesta a la excitación, las glándulas del cuello del útero y la vagina segregan fluidos que facilitan el paso del pene. Si te sientes “seca”, intenta excitarte más: recrea una fantasía, dile que te toque donde te gusta, etc.

Aparece el “rubor sexual”. Tu cuello, tu pecho y tu cara se enrojecen debido al aumento del flujo sanguíneo, aunque esto resulta mucho más obvio en las mujeres de piel muy blanca.

ETAPA 2: Meseta
Es la cima de la excitación, justo antes del clímax. “No fuerces el orgasmo”, advierte Berman. “Si te preocupas mucho, se te puede escapar. Relájate y sólo deja que suceda”.

Tus lolas crecen. La elevación del flujo sanguíneo hace que tus senos se inflamen tanto como un 25%. Estarán más sensibles y él deberá ser delicado.

Tus zonas erógenas se vuelven muy sensibles. El incremento del flujo sanguíneo también hace que las partes de tu cuerpo con más terminaciones nerviosas (orejas, senos, nuca) se pongan más sensibles y cálidas, así que pídele que las acaricie y las bese.

Tu clítoris se pone erecto. “Antes del orgasmo, el clítoris se engrosa más y se eleva hacia el hueso púbico”, dice Masterson. “La vagina se expande un 10%, y el útero se eleva unos milímetros para crear espacio para el pene”.

Tus músculos se contraen. Tu cuerpo se tensa y los latidos de tu corazón y tu presión sanguínea aumentan. El mayor flujo sanguíneo causa que el tercio inferior de la vagina se inflame y los músculos pubococcígeos se contraigan y estrechen la entrada vaginal. El deberá penetrarte si no lo ha hecho: los dos se van a beneficiar con esta estrechez.

ETAPA 3: Orgasmo
La euforia suele durar menos de un minuto, y luego la tensión acumulada se libera. Para tener más posibilidades de llegar al clímax durante el coito, trata de mantener la estimulación en el clítoris (frótate contra su hueso púbico o colócate arriba y pídele que te estimule manualmente). Otro truco candente: “Pídele que te presione el perineo, la zona entre la vagina y el ano”, dice Berman. “Eso eleva la entrada de la vagina, permitiendo una penetración más profunda y mayor contacto con las paredes vaginales, llenas de nervios”.

Pierdes el control de tus sentidos. Las sensaciones provocan una especie de bloqueo en los otros sentidos y hasta en tu cerebro. El calor se expande por tu pelvis, el rubor sexual llega al máximo y tu cuerpo toma el mando: relájate y déjalo hacer su trabajo.

Tus músculos genitales se contraen. Prolonga el placer y haz unos cuantos Kegels cuando él comience la retirada, sugiere Berman. “Eso presiona su pene y el punto G”. Todos los músculos están tensos. En el momento cumbre del orgasmo, tu cuerpo pudiera ponerse momentáneamente rígido. Tu corazón se acelera y tu pulso puede ser dos veces más alto de lo normal.

ETAPA 4: Resolución
En el período tras el orgasmo, tu cuerpo vuelve a su estado de preexcitación.

Te relajas. Todos tus músculos se distienden. Tu respiración se hace más lenta y tu presión sanguínea baja.

Las partes del cuerpo que se inflamaron vuelven a la normalidad. Tus senos y genitales recuperan su tamaño y color, y desaparece el rubor sexual.

Te pones hipersensible. El toque en los genitales puede ser molesto, así que opta por otros placeres como acariciarse la espalda, darse un masaje con aceites, comer algo juntos o descansar entre sus brazos hasta que estés lista para pasar a la segunda ronda.

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